Juventino Rosas, Gto. 4 de marzo del 2026.-La Coordinación de Movilidad, Conectividad e Infraestructura Vial informó que durante ese mes se registraron 20 accidentes viales en el municipio en los que estuvieron involucradas motocicletas. Veinte. En apenas 28 días, como si el calendario trajera promoción incluida.
Las cifras no son una curiosidad estadística para comentar en la sobremesa. Son veinte recordatorios de que la prisa, la imprudencia o el “a mí no me va a pasar” siguen siendo copilotos bastante tercos. Porque sí, manejar una motocicleta puede ser práctico, económico y hasta emocionante, pero no convierte a nadie en protagonista de película de acción inmune a la física.
La autoridad hizo un llamado a reforzar la responsabilidad al conducir, algo que suena obvio hasta que vemos que no lo es tanto. Se insiste en que el casco certificado no es accesorio decorativo ni opcional según el clima; que respetar los límites de velocidad no es una sugerencia amable; que mezclar manubrio y alcohol no es una combinación creativa sino peligrosa; que el equipo de protección existe por algo; que los señalamientos no están colocados como parte del paisaje urbano; que el alto total en esquinas e intersecciones no es un mito urbano; y que circular en el carril correspondiente ayuda, sorprendentemente, a que todos lleguen a casa.
El exhorto también va para automovilistas, porque compartir la vía implica algo más que tolerarse mutuamente. Mantener distancia, conducir con precaución y respetar a quienes se trasladan en motocicleta no es un acto de cortesía extraordinaria, es simple sentido común.
La seguridad vial es responsabilidad de todas y todos. Y aunque repetirlo no lo vuelve más emocionante, sí lo vuelve urgente. Prevenir accidentes salva vidas. Ignorarlo, en cambio, suele salir bastante más caro que un casco.


