miércoles, junio 17, 2026

Fe, comida y tradición: así se vive un altar que tiene 10 años de tradición.

Celaya, Gto. 28 de marzo del 2026.-En la colonia Lázaro Cárdenas, la fe no se guarda en silencio ni se queda en casa: se comparte, se sirve en plato hondo y se acompaña con música de banda.

Desde temprano, la casa de Alexis se convierte en punto de reunión. No importa si eres familia, amigo o llegaste porque “te invitaron los invitaron”, aquí siempre hay espacio. Y comida, que curiosamente nunca falta aunque llegue más gente de la prevista, como si alguien allá arriba también estuviera organizando la logística.

El altar, dedicado a la Virgen de los Dolores, mezcla devoción y detalle. Borreguitos, trigo germinado, naranjas, la cruz y la corona de espinas recuerdan el viacrucis y el dolor que da sentido a la celebración. Nada está puesto al azar, aunque a simple vista parezca solo “bonito”.

En la mesa, la Cuaresma se respeta pero no se sufre: frijoles, tortas de camarón con nopales y papas, y caldo de pescado con camarón van pasando de mano en mano. Comer aquí no es pecado, es parte del ritual.

Las aguas frescas también cuentan su propia historia: el rojo como la sangre de Cristo y el tono naranja como el atardecer. Detalles que convierten lo cotidiano en algo con significado, sin necesidad de discursos largos.

Pero lo que realmente sostiene la tradición no se ve, se cuenta. Como la historia de una mujer que, en plena pandemia, soñó a la Virgen vestida de dorado. En el sueño recibió unos aceites; al despertar, asegura, había sanado. Volvió después con un vestido dorado como agradecimiento. Desde entonces, el altar carga también con ese tipo de fe que no se discute, solo se respeta.

Diez años han pasado desde que todo empezó con una imagen pequeña. Luego vino un cuadro más grande, después la actual Virgen de bulto que lleva ocho años presidiendo el altar. La evolución es evidente, pero la intención sigue siendo la misma.

Al caer la tarde, la danza marca el cierre. Son las siete y, entre rezos, música y platos vacíos, queda claro que aquí la tradición no solo se conserva… se disfruta.