Celaya, Gto. 19 de abril del 2026.-Eran alrededor de las 10:30 de la noche del sábado cuando la rutina se rompió en la colonia Villas de Los Álamos. Afuera de su casa, sobre la avenida Zamarroni, Saúl Banda González vivió un momento que nadie espera: dos hombres intentaron arrebatarle su camioneta.

No hubo disparos. No hubo persecución. Solo el miedo, el coraje y la tensión de un intento de asalto que, aunque no se consumó, dejó una huella inmediata.

Los agresores huyeron sin lograr su objetivo, pero el impacto ya estaba hecho.

Minutos después, el propio Banda González pidió ayuda. Para entonces, su cuerpo ya empezaba a resentir lo ocurrido. Cuando llegaron los paramédicos, comenzó a presentar dificultades para respirar. La escena cambió rápido: de un susto en la calle a una emergencia médica.

La ambulancia arrancó de inmediato. Eran minutos que corrían en contra. Sin embargo, antes de llegar al hospital, su corazón no resistió. Poco antes de las 11 de la noche se confirmaba lo que nadie quería escuchar: había fallecido a causa de un infarto.

La noticia corrió rápido. No era cualquier persona.

Saúl Banda González tenía 65 años y una historia profundamente ligada a la Cruz Roja. Había llegado a la presidencia del Consejo Directivo en noviembre de 2025, pero su camino dentro de la institución había comenzado mucho antes, en 1978, cuando decidió sumarse como voluntario.

Durante décadas, fue parte de una de las organizaciones más importantes de auxilio en la ciudad, creciendo con ella, trabajando desde dentro y entendiendo de cerca lo que significa ayudar en momentos críticos.

También era abogado y participó en distintos espacios empresariales y sociales en Celaya, donde construyó una trayectoria marcada por el servicio y la constancia.

Su muerte no solo deja un vacío en una institución, sino en una comunidad que lo conocía por su trabajo y compromiso.

Mientras tanto, el intento de asalto que detonó todo sigue bajo investigación. Los responsables, que huyeron a pie, no han sido detenidos.

A veces no hace falta que se dispare un arma para que una historia termine mal. A veces basta un momento de violencia para cambiarlo todo.