Apaseo el Grande, Gto. 12 de abril del 2026.-Hoy no fue un día cualquiera en San Miguel de Ixtla. Hoy se llevó a cabo la primera Feria de Pueblos con Encanto, y con ella, el momento oficial en el que el lugar recibe ese nombramiento que, siendo honestos, ya traía ganado desde hace tiempo. Solo faltaba que alguien lo dijera en voz alta y con micrófono.
Desde temprano, el pueblo decidió no guardarse nada. A las 6:30 de la mañana, la misa acompañada por rondalla marcó el inicio de una jornada que se sentía más celebración que protocolo. Después, los recorridos por capillas fueron ese tipo de experiencia que no necesita explicación: se camina, se observa y se entiende por qué este lugar tiene historia de sobra.
Para cuando llegó la feria gastronómica, el ambiente ya estaba en su punto. Y claro, aquí la comida no es relleno de evento, es protagonista. Lo que se sirve viene de la tierra misma: aguacate, nopales, tunas, garambullos, maguey… ingredientes que no necesitan presentación porque llevan generaciones haciendo bien su trabajo.
La cabalgata avanzó con ese aire de tradición que no se ensaya, mientras danzas como la de apaches y soldados del Señor de Ojo Zarco recordaban que aquí las costumbres no son decoración, son identidad.
Ya pasado el mediodía, llegó la inauguración oficial. Hubo discursos, sí, pero también algo más importante: orgullo. Talleres de atole, mazapán, acuarela y canastos, presentaciones artísticas y talento local que, sin complicarse, llenó el espacio de vida.
Y por si el día no había sido suficiente, la noche cerró con un recorrido temático de la Guerra Cristera, porque en Ixtla hasta la historia tiene horario estelar.
Estar en San Miguel de Ixtla hoy fue entender que el encanto no es un título que se cuelga, es algo que se respira, se come y se camina. El nombramiento llegó, sí… pero el pueblo ya llevaba ventaja.


